Aprendimos que solo debemos mostrar nuestro mejor trabajo.
El problema es que creemos que no hace falta compartir nada hasta que esté terminado.
Pero eso crea distancia entre tú y tu tribu.
Y, sobre todo, no tiene por qué ser así.
Revelar algo que era un misterio puede ser muy emocionante.
Pero la mayoría de las veces nadie va a estar escuchando cuando lo reveles. ¿Por qué? Adivinaste: nadie sabía que existía.
Entonces, ¿cómo sales de este dilema?
Empieza a compartir tu proceso.
Mostrar los retos que enfrentas y cómo los resuelves es una gran forma de demostrar tu valor.
No necesitas compartir cada detalle de lo que estás haciendo.
Pero invitar a tu gente a tu historia te ayuda a construir confianza.
Todos sabemos que las cosas casi nunca salen como se planean. Mostrar cómo manejas los tropiezos es una gran oportunidad para posicionarte como experto.
Así la gente va a confiar en que puedes hacer que las cosas salgan bien, incluso cuando no salen como lo planeaste.
También te ayuda a generar expectativa y a captar atención para la gran revelación.
Invita a la gente a tu recorrido.
Dales un adelanto de lo que viene.
Hazlos parte de la historia.
Así se van a sentir identificados. Hasta van a sentir que tienen algo en juego.
Te sorprendería cuánta gente quiere verte ganar.
Entonces, ¿en qué estás trabajando?
¿Qué gran reto estás enfrentando?
¿Cómo usas tus herramientas y habilidades para superar los obstáculos?
Queremos saberlo.